¿Cuándo y cómo aplicar el protector solar para una protección óptima?


La exposición al sol es beneficiosa para nuestro bienestar, pero una protección solar eficaz es fundamental para preservar la salud de la piel. La aplicación correcta de la crema solar permite evitar las quemaduras solares, retrasar el envejecimiento cutáneo y reducir el riesgo de cáncer de piel. En este artículo te explicamos cómo, cuándo y por qué es importante aplicar bien la crema solar.
El sol emite rayos ultravioleta (UV) que, aunque son invisibles, tienen un efecto directo sobre la piel. Si bien son esenciales para la síntesis de la vitamina D, también pueden ser perjudiciales en caso de exposición excesiva o sin la protección adecuada.
Descubre mucho más al respecto en nuestro artículo dedicado a este tema: los efectos del sol en la piel.
Una aplicación incorrecta o insuficiente reduce considerablemente la eficacia de la protección solar. Las consecuencias para la piel pueden ser diversas:
Por lo tanto, es fundamental aplicar el producto correctamente para proteger la piel a largo plazo y reducir los efectos nocivos del sol.
A diferencia de los protectores solares con filtros minerales, que actúan de inmediato, los filtros orgánicos deben ser absorbidos por las capas superficiales de la piel antes de ofrecer una protección óptima. Por eso es fundamental aplicar la crema solar entre 15 y 30 minutos antes de la exposición. Además, tomarse el tiempo para aplicar la crema solar en casa evita que se olviden algunas zonas como las orejas, el cuello o los párpados.
De hecho, en la playa o durante las actividades al aire libre, tendemos a ponernos la protección solar más rápidamente y a descuidar ciertas partes del cuerpo, lo que reduce en consecuencia la eficacia de la protección.
Es fundamental elegir bien el momento del día en el que tomar el sol. Por ello, se recomienda limitar, o incluso evitar por completo, la exposición al sol durante las horas de mayor intensidad, entre las 12:00 y las 16:00, sobre todo en verano.
Por último, incluso en días nublados es necesario protegerse del sol. De hecho, aunque no veamos el sol, ¡hasta el 80 % de los rayos UV atraviesan las nubes!
Es imprescindible aplicarse crema solar varias veces al día, ya que una sola aplicación no basta para protegerte de forma eficaz. Se recomienda volver a aplicarse la crema solar cada dos horas, y después de cada baño, sesión de deporte o cada vez que te seques con la toalla, incluso si el producto es resistente al agua.
No todas las exposiciones conllevan los mismos riesgos. La intensidad de los rayos UV varía en función del lugar y de la actividad que se realice, y algunos entornos amplifican su impacto. El agua, la arena y la nieve reflejan los rayos solares, lo que aumenta el riesgo de quemaduras solares, mientras que el sudor y el viento pueden reducir la protección solar.
El agua no protege de los rayos UV, sino todo lo contrario: refleja entre el 10 % y el 30 % de los rayos solares, lo que aumenta su intensidad sobre la piel. Además, sumergirse en el agua reduce la protección solar, lo que implica que hay que volver a aplicar el protector con mayor frecuencia. Afortunadamente, una rutina adecuada te permitirá estar bien protegido:
Las actividades prolongadas al aire libre exponen la piel de forma continua a los rayos UV, a menudo sin posibilidad de volver a aplicarse inmediatamente la crema solar. El viento, el sudor y la altitud también pueden aumentar la sensibilidad de la piel. En este caso, adapta tu rutina de protección solar para proteger tu piel de forma eficaz:
Después del esfuerzo: si has sudado mucho y sigues exponiéndote al sol, retira suavemente el exceso de sudor antes de volver a aplicar la protección solar. Si ya no hay exposición, limpia bien la piel para eliminar los restos de crema solar y, a continuación, hidrátala con una leche after-sun para restaurar la barrera cutánea.
Aunque se utilice una protección solar óptima, limitar la exposición sigue siendo la mejor forma de prevenir los efectos nocivos de los rayos UV. A continuación, te ofrecemos algunos consejos básicos para cuidar tu piel y la de tu familia:
Como habrán comprendido, una buena protección solar pasa, ante todo, por una exposición moderada y por unos sencillos hábitos que limitan el impacto del sol sobre la piel.
¡No hay que tomarse a la ligera la forma y el método de aplicar la crema solar! TOPICREM te ofrece una recopilación de los errores más comunes y cómo corregirlos, para una aplicación eficaz y una protección óptima de tu piel.
A menudo se olvidan zonas como las orejas, el cuello, los párpados y los labios a la hora de aplicar el protector solar. Además, estas zonas son especialmente sensibles y, por lo tanto, deben recibir una protección adecuada, ya que son más propensas a sufrir las consecuencias de una protección solar inadecuada.
Aplicar la crema solar una vez que ya ha comenzado la exposición aumenta el riesgo de sufrir quemaduras solares, sobre todo si se trata de una crema con filtros orgánicos. Los filtros solares orgánicos necesitan tiempo para absorberse y actuar plenamente, de ahí la importancia de aplicarla entre 15 y 30 minutos antes de la exposición.
Incluso una crema solar resistente al agua pierde eficacia con el tiempo. Una protección con SPF30 o SPF50+ dura aproximadamente dos horas en condiciones normales de exposición. Por lo tanto, es fundamental volver a aplicar la protección solar como mínimo cada dos horas, sobre todo después de bañarse o de sudar.
Incluso con una protección solar adecuada, la exposición prolongada al sol puede provocar daños en la piel. Se recomienda limitar el tiempo de exposición al sol y buscar la sombra siempre que sea posible.
Tampoco se recomienda exponerse al sol entre las 12:00 y las 16:00, cuando los riesgos son mayores.
La eficacia de la protección depende de la cantidad aplicada. Para una cobertura óptima, se recomienda utilizar:
Una distribución homogénea de la crema solar es esencial para garantizar una protección óptima contra los rayos UV. Una aplicación desigual o insuficiente puede dejar zonas vulnerables, aumentando así el riesgo de quemaduras solares y daños cutáneos.
- Párpados y controno de ojos
- Orejas (parte superior y posterior)
- Cuello y nuca
- Labios
- Parte superior de los pies y dedos de los pies
- Manos, especialmente expuestas y propensas al envejecimiento prematuro
- Parte posterior de las rodillas
Las pieles sensibles y las de los niños son especialmente vulnerables a los rayos UV, ya que su barrera cutánea es más frágil. Por lo tanto, es fundamental utilizar una protección solar adecuada para evitar irritaciones, quemaduras solares y daños a largo plazo.